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Personas Inesperadas

"... fuera de esa burbuja imaginaria, hay verdaderos tesoros en forma de personas, experiencias y situaciones, esperando por ser descubiertos".


Mateo Trujillo G.

Agosto 15/2020


Es una costumbre generalizada de nuestro actuar humano , asumir que el círculo social más íntimo constituye el mundo en su esplendor. Solemos envolvernos de tal modo en nuestras relaciones que nos enfrascamos en dimensiones en las que solo hay espacio para lo conocido. Permanecemos ciegos al hecho que, fuera de esa burbuja imaginaria, hay verdaderos tesoros en forma de personas, experiencias y situaciones, esperando por ser descubiertos. Tesoros que se revelan de la manera más fortuita, pero justo cuando más lo necesitamos.


Somos seres sociales por naturaleza, no nos gusta caminar solos, por ese motivo desde muy temprana edad conformamos nuestra propia manada. Conectamos con personas que serán la compañía ideal para cada una de nuestras aventuras. Algunos de ellos permanecerán mucho tiempo, quizás toda una vida. Otros, simplemente cumplirán con un propósito que les hemos permitido en nuestro camino y, luego, su figura se irá disolviendo con el tiempo dejando solamente una estela de recuerdos.


Paradójicamente, a medida que nuestra existencia avanza, el hallazgo de nuevas personas disminuye. Es como si la relación entre el tiempo y la socialización se hiciera de repente inversamente proporcional. Cada vez confiamos menos en lo desconocido y encontramos nuestra seguridad aferrándonos a aquellos que siempre han estado ahí. Sin embargo, cuando la vida se torna caprichosa, las dificultades tocan a nuestra puerta y nos damos cuenta que, aún acompañados por nuestros más fieles escuderos, no encontramos la respuesta necesaria para los desafíos que se nos plantean. Justo ahí, deberíamos poder dar el salto de calidad que se esconde detrás de abrir nuestros pensamientos, mente y corazón a nuevas compañías.


Tendríamos que volver a esas épocas de niñez cuando, libres de prejuicios, miedos e inseguridades, abríamos lo mejor de nuestro ser a cualquier persona que pareciera amigable ¿Cuánto aprendizaje nos hubiéramos perdido si desde infantes tuviéramos rígidos filtros de selección al socializar? Esto definitivamente no tiene por qué cambiar con la edad y es a -todas luces- una distracción del ego que nos priva de maravillosas casualidades.


Cada sujeto ha trasegado una senda que lo nutre de empírica sabiduría, todos nuestros viajes han sido diferentes y es allí donde radica la riqueza de aprender a intercambiar la mayor cantidad de lecciones posibles, con el mejor número de individuos cercanos que se nos permita.


Nutrimos así el equipaje de nuestras vivencias a partir de lo que nuevas personas y su entorno tienen para ofrecernos. Solo precisamos la certeza de saber que no existen preguntas sin respuesta, pero, quizás, las seguimos consultando en las mismas desactualizadas fuentes. Esas que también merecen un respiro, liberarse de ataduras, salir al mundo, conocer, refrescarse y regresar para ofrecer mucho más de lo que creíamos era lo mejor.


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