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Amigo temporal

"...No hay nada más cobarde que aguardar los designios del destino mientras esperamos inmóviles o, peor aún, moviéndonos hacia el lado contrario de lo que realmente queremos..."



Mateo Trujillo G.

31/08/2020


Existen infinidad de variables que se escapan a nuestra voluntad y a nuestro control. Quizás, la más caprichosa de todas es el tiempo. Siempre está ahí. No tiene forma ni se ve, pero su testarudo caminar constante, hacia adelante, nos define y a veces nos somete. Ingobernable, insensible, no nos deja más opción que aceptar su voluntad. Entonces, en una movida estratégica, opté por hacerme amigo del tiempo.


Dicen que cuando no puedes contra el enemigo debes unirte a él. Realmente no imagino un rival más certero y peligroso que el tiempo. Desprecia los cuerpos, no le duelen los golpes. Es tremendamente decidido, nada lo hace retroceder. Imparable, avanza a paso constante sin importar las circunstancias. No tiene puntos débiles, no sufre y no llora. Para él todo momento es oportuno. Es demoledoramente paciente, nos desgasta segundo a segundo, sin afán, al punto de llevarnos a clamar por un poco de él, de tiempo.


Es un adversario que conozco, me he enfrentado a él. Mi guerra contra el tiempo se ha librado en muchas batallas, nos hemos encarado en varias ocasiones. En la mayoría de ellas me he sentido listo y preparado para vencer, con la decisión suficiente, mis capacidades a tope y el ánimo arriba. Así, dispuesto, me he encontrado de frente contra él y he peleado segundo a segundo por conquistar lo que persigo, lo que quiero.


Han sido contiendas de épica, en las que su infinito ejército se me ha venido encima y lo he recibido con furia, tenacidad, verdaderos momentos heroicos. Instantes de éxtasis en los que, por un minuto, siento que estoy venciendo, que por fin lo estoy diezmando, que avanzo más rápido que él… Justo antes de girar mi vista y percatarme como otra legión de sus soldados viene a toda prisa, como una avalancha sobre mí.

Nunca le he ganado una batalla, con cantidad de lecciones, pero derrotado por el tiempo, debo regresar a mi cuartel y permitir que él continúe con su andar. Me he cuestionado si no soy suficientemente buen luchador, si todos los combates que he librado en mi vida no me han formado lo necesario, si las conquistas obtenidas no pasan de vacíos trofeos.


Recientemente me he respondido que sí. Soy un guerrero en todo el sentido de la palabra, he salido victorioso incluso en las mayores adversidades y tengo un palmarés de triunfos para exhibir con orgullo. Entonces, fue claro para mí. Los grandes combatientes, los que hacemos historia, tenemos algo en común… Sabemos escoger nuestras peleas. Luchamos cuando el enfrentamiento es justo, si los jueces son imparciales, cuando el contrincante es de nuestra categoría, si el premio lo amerita, si la doncella quiere ser rescatada, pero, sobre todo, si tenemos oportunidad de vencer.


Volví entonces a mi conflicto con el tiempo y me di cuenta que, incluso antes de empezar, ya era una guerra perdida. No hay técnica, táctica o estrategia ganadora contra él. Al tiempo no se le convence con diplomacia. Por más listo que me encuentre, que nos encontremos, siempre que el tiempo venga en contravía nos va a pasar por encima, aplastándonos. Entonces me puse de su lado.

Entendí que el problema no era mi preparación, de hecho, debo permanecer siempre listo y mejorando, poner todo de mí.


Demostrar mi voluntad, aprender de mis errores, actuar en sintonía con lo que pienso, hacer todo lo que esté dentro de alcance y él se encargará de poner cada cosa en su lugar. El tiempo marca nuestro destino, pero su materia prima son las propias acciones. No hay nada más cobarde que aguardar los designios del destino mientras esperamos inmóviles o, peor aún, moviéndonos hacia el lado contrario de lo que realmente queremos. Aunque parezca mágico el tiempo no lo es, el tiempo es consecuente.


Ahora hago parte del ejército del tiempo, tiene mi servicio y mi amistad, está a mi favor. Cabalgo a su lado, preparado, con la certeza de poner todo de mí por mis causas, mis objetivos y mis campañas. No resta más que avanzar así, positivo y proactivo en la dirección adecuada, la del mejor de los aliados, la del tiempo.


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