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2020: Cóncavo y convexo

"... Aprendí que lo que hoy nos sobra, mañana nos puede faltar y que las malas decisiones, además de todo lo que cuestan, son casi imposibles de reversar ..."

Cae el día y cae el año en Manizales.


Mateo Trujillo G.

15/12/2020


Está próxima a completarse la cuenta de 365 días y es momento de mirar atrás, desapasionadamente, antes de ser abrazado por las emociones desbordantes de las festividades y hacer un balance de lo que ha sido esta temporada.

Este sin duda ha sido un año maestro. Su principal lección radica en que la vida suele ser paradójica y ante esta naturaleza, la peor decisión es tomar posiciones absolutas.

El 2020 me enseñó a dejar de pretender que las cosas se materialicen tal como planeo, me demostró que buscar el control de “todo” es un desgaste innecesario porque es sencillamente imposible. Es mejor ser flexible para permitir que la vida nos sorprenda y cultivar la habilidad de reajustar el curso de nuestro destino, según nuestros deseos, y luego de recibir cada golpe que la realidad nos asesta.

Sin embargo, este año también demostró que es aún peor no tener un plan. No haber definido el curso de nuestra existencia; desconocer lo que queremos y la manera en la que pretendemos conseguirlo. Es necesario entender que la forma puede variar, pero el fondo debería ser una constante coherente.

Si las particularidades de este tiempo han desubicado a aquellos que tenían un plan y un propósito definidos, a los demás los dejó flotando en medio de un tremendo vacío de incertidumbre y desesperanza.

APRENDIZ DE AMOR

Esta accidentada temporada me enseñó además a valorar el tiempo y la compañía. A atesorar los momentos al lado de las personas que nos quieren. A darle más peso al hermoso detalle de la presencia, de la dedicación y, sobre todo, de la voluntad; esa que no podemos obligar en los demás, pero que nos hace tan felices cuando nos es brindada. A distinguir la inmensa muestra de amor de alguien que nos obsequia sus minutos, por cotidiano que parezca ese regalo.

Así mismo, me instruyó en la necesidad de darle valor a mi tiempo, mi espacio y a quien se lo brindo. Tuve que desperdiciar mis esfuerzos, hacer inversiones vacías de momentos y cariño en espacios donde no eran estimados como merecen para darme cuenta que, en cambio, esos minutos y ese interés son justamente todo lo que alguien más desea de mi parte.

Este 2020 me enseñó a amar, con ansiedades y crudas lecciones.

A entregarme a los sentimientos y permitirles fluir sin tanto cálculo. Aprendí que demostrar amor, cuando de verdad se siente, es uno de los actos más grandes que a los seres humanos se nos permiten y que es un gran pecado, pero, sobre todo, desperdicio, dejar de hacerlo. Por la razón que sea.

Me mostró que en ocasiones hay que ponerle fecha de vencimiento al amor. Que no se puede amar en el presente motivados por el pasado, por lo que fue. Que el ambiente, el tiempo, las compañías, las ausencias, hacen su trabajo y las personas terminamos siendo como las frutas, cambiamos e -incluso- nos podrimos.


Aprendí a entregarme como nunca lo había hecho y a dejar de hacerlo cuando ya no hay caso. Me obligó a desaprender el amor para volver a amar.

BELLA INCERTIDUMBRE

12 meses en los que aprecié el valor de la gratitud. Lo determinante de ponerse en los zapatos del otro. Lo costosa que es la indecisión. La importancia de la prudencia en medio de la abundancia y de la humildad en la escasez. Lo peligroso del ego.

Aprendí que lo que hoy nos sobra, mañana nos puede faltar y que las malas decisiones, además de todo lo que cuestan, son casi imposibles de reversar.

El 2020 me recordó quién soy, resaltó mis virtudes y castigó mis defectos. Me permitió una radiografía de mi ser, de mi vida, tiempo para repasar mi historia y con esto proyectar mi futuro, mis propósitos.

Ha sido quizás el año más difícil de lo que llevo de existencia, la incertidumbre me sorprendió como compañera de camino y trajo zozobra. Hoy la abrazo y la apretujo porque entendí que sin ella la vida sería un triste libreto, sin emoción y con desenlaces menos excitantes.

Este es el final feliz de mi 2020, después de todo resultó maravilloso. El año que, como sabio guía, supo brindar eso que nunca deseé, pero que seguramente me hacía tanta falta. Paradójico y hermoso.

Espero que ustedes lo hayan aprovechado y, sobre todo, vivido. De eso se trata, de vivir.

Que lo venidero nos ayude a seguir creciendo.

Felices fiestas junto a sus amados, valórenlos, cuídenlos y disfrútenlos.

Salud.


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